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Software de gestión
construido sobre tu proceso
Casi todos los negocios que nos llaman ya tienen un sistema: una planilla que empezó siendo de una persona y hoy la abren seis, un cuaderno, un grupo de WhatsApp y tres programas que no se hablan entre ellos. Funciona hasta que deja de funcionar.
Cuándo deja de alcanzar una planilla
No hay un día concreto: se nota porque alguien pasa la mañana copiando datos de un lado a otro, porque dos personas guardan versiones distintas del mismo archivo, o porque para saber qué se facturó el mes pasado hay que preguntárselo a quien lo llevaba. Ahí el problema ya no es la herramienta, es que el proceso no cabe en ella. Un programa a medida no lo resuelve por ser más bonito: lo resuelve porque el dato se escribe una vez y todo lo demás sale de ahí.
Para quién lo hacemos
No trabajamos con un sector concreto, trabajamos con negocios que tienen un proceso repetitivo y suficiente volumen como para que llevarlo a mano cueste dinero. Estos son los que más nos piden:
- Clínicas dentales y consultorios: agenda, historia clínica y recordatorios de consulta.
- Tiendas de ropa y comercios: stock por talle y color, con aviso de mínimos.
- Empresas de reformas y constructoras: partes de obra, avance y certificaciones.
- Pizzerías y restaurantes con delivery: pedidos, cocina y estado del envío.
- Distribuidoras y mayoristas: pedidos de cliente, rutas y remitos.
- Talleres mecánicos: órdenes de reparación, repuestos y avisos al cliente.
- Inmobiliarias y administraciones de edificios: cartera, cobros y reclamos.
- Hoteles y empresas con turnos: asistencia, horarios y horas extra.
Qué incluye
Mapeo del proceso que ya tienes
Antes de escribir una línea nos sentamos a ver cómo trabajas hoy, con los papeles y las planillas delante. No cómo debería funcionar en teoría: cómo funciona de verdad, incluidos los atajos que inventó el equipo. Casi siempre hay uno que explica la mitad de los problemas.
Una aplicación web, no un programa que instalar
Se abre en el navegador, desde la computadora del mostrador y desde el celular del que está en la calle. No hay que instalar nada en cada máquina ni acordarse de actualizar: cuando publicamos un cambio, todo el mundo lo tiene.
Permisos por persona
Quien está en el mostrador no tiene por qué ver los márgenes, y quien lleva la contabilidad no tiene por qué poder borrar un pedido. Los permisos se definen contigo al principio y se cambian después sin tocar el código.
Tus datos, exportables desde el primer día
Todo lo que entra se puede sacar en Excel o CSV cuando quieras, sin pedírnoslo. Es tu información: quedarte atrapado en una herramienta porque no puedes recuperar tus propios datos es exactamente el problema del que vienes huyendo.
Capacitación y acompañamiento al arrancar
El día que se enciende, alguien del equipo va a hacer algo que no habíamos previsto. Las primeras semanas son de ajuste y las contamos como parte del trabajo, no como una incidencia.
Lo que nos preguntan siempre
¿Cuánto cuesta una aplicación a medida?
Depende del proceso, y cualquiera que te dé un número antes de conocerlo te lo está inventando. Lo que sí hacemos es cerrar un precio fijo antes de empezar: tras una reunión de una o dos horas para entender el alcance, te pasamos una propuesta con el precio y lo que entra en él. Si durante el proyecto pides algo que no estaba, se presupuesta aparte y decides tú.
¿Cuánto se tarda?
Nuestro compromiso es cuatro semanas de la primera reunión a tener algo en producción. No la aplicación entera: la parte que más duele, funcionando y en uso. A partir de ahí se sigue construyendo sobre algo que ya te sirve, en vez de esperar seis meses a un lanzamiento único.
¿De quién es el código?
Tuyo. Se te entrega el repositorio y las claves de todo lo que se despliega. No dependes de nosotros para seguir: si algún día quieres cambiar de equipo, se lo puedes dar a otro sin pedirnos permiso ni pagar un rescate.
¿Y si mi negocio cambia dentro de un año?
Va a cambiar; ése es el motivo de hacerlo a medida y no comprar un producto cerrado. La aplicación se construye por partes para que añadir una nueva no obligue a rehacer las anteriores. Los cambios posteriores se presupuestan uno a uno, sin cuota obligatoria de mantenimiento.
Ya tengo un programa, pero me quedó corto. ¿Empezamos de cero?
No necesariamente. Muchas veces lo que falta es una pieza —un portal para que el cliente consulte sin llamar, una integración entre dos programas que no se hablan— y sale mejor construir eso que tirar lo que ya funciona. En la primera reunión te decimos con franqueza cuál de las dos cosas te conviene, aunque sea la que menos trabajo nos da.
